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viernes, 2 de octubre de 2009

Ecos


Hoy te levantáste triste. Más triste de lo usual. Mientras preparabas el desayuno, se te escaparon un par de lágrimas, que se mezclaron con el vapor del café y con la niebla de la mañana.
Decidíste volver a la cama un rato más, buscando algo que te ayudara a intensificar ése sentimiento. Así somos las mujeres, te comprendo.
Sintonizáste la película más triste de todos los tiempos, que te recordó tu infancia, tu primer amor, tu primera vez. Y llegaron como ecos recuperados del baúl polvoriento de los recuerdos, olores, cosquilleos en el estómago, decepciones nunca superadas, el sabor en los labios, de lo que significó para vos en una época remota, la felicidad.
Nunca hay que comparar, pero no pudiste con tu genio. El pasado, siempre fue mejor.
Y seguíste tratándo de atrapar, ecos de momentos inolvidables, esperas ansiosas de llamadas y flashes de reconciliaciones apasionadas. Las lágrimas, ya nadie podría detenerlas.
Hicíste memoria, no querías desperdiciar la melancolía matinal. Y descubríste que, efectivamente, el pasado fue mejor. Que esos sentimientos sin control, la emoción de un encuentro,  el amar sin esperar nada a cambio, no volverán a llamar a tu puerta. 
Que lo que estás viviéndo y siendo, son sólo ecos imitadores de lo que fuíste. Y lo que fuíste, sólo sobrevivirá si no lo olvidas jamás.

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