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martes, 27 de abril de 2010

¿Sería Dios?

                                                



Estoy sola en la montaña, en algún lugar entre Uspallata y Casa de Piedra. El único ruido que escucho es el crepitar del fuego que logré prender con jarilla y ramas secas.
Sentada frente a las llamas, calentándome los pies, me deleito con unos chocolates y pienso después de un largo tiempo, en Dios. Y llego a la fascinante y tantas veces repetida conclusión, de que todo esto que me rodea es él en persona. El fuego que me calienta, las montañas imponentes con sus diferentes tonos de rosas, las nubes claras dejando pasar algunos pocos rayos del sol. Pienso...
Sin  dudas para mi, esto es Dios queriéndome hacer feliz y lo logra. Acompaño la solitaria estadía con un libro buenísimo y por fin cuando hierve el agua, con un café caliente. Perdón, odio el mate, que sería la bebida tan deseada como taaan argentina, esperada por muchos en un lugar así. Siento un ruido en mi bolso y me doy cuenta de que mi teléfono se acaba de quedar sin carga y estoy incomunicada. Nada más oportuno, qué alegría! Pienso que tengo más de lo que necesito. Pienso...
Pienso, pienso... y vuelvo a sentir esa sensación olvidada de lo que significa preocuparse sólo por uno mismo. ¿Es egoísta? ¿Una vez?
Se me van repentinamente las ganas de escribir. No me quiero perder lo que veo y mucho menos lo que siento, ni dejar de escuchar los verdaderos sonidos del silencio.

No te tientes, la caja quedó vacía.


viernes, 23 de abril de 2010

La pieza fundamental

Siempre siento tu lado sensible, tu atención para escucharme y tu hombro para apoyarme, aunque creas que lo has perdido.
La insensibilidad es buena para sufrir menos, para despegarnos de lo que nos hace mal, aunque pienso que tendemos a aferrarnos a un recuerdo sólo por el cargo de conciencia que implica el olvido. El olvido que nunca es absoluto, no borra, no elimina, simplemente hace por momentos que el camino sea más liviano.
Y el resto..., tu resto es la mejor parte, el lado fuerte, el costado sensible, el perfil sin miedos, el contorno de madre, hija y amiga.
La insensibilidad no existe. Nadie está totalmente adormecido si tiene amigos. Nadie es indiferente a la palabra "mamá". Nada puede endurecer un corazón al punto de dejar de sentir. Nadie puede, aún en su ausencia, hacer que los sentimientos no sientan.
Y esa pieza que ahora falta, que creemos fundamental, será en el futuro un recuerdo jamás perdido, pero sencillamente eso, una pieza más en la memoria, conservada a fuerza de no querer olvidarla.
La insensibilidad... no existe, existe la armadura contra la tristeza y por ahora es tu mejor vestido.

lunes, 19 de abril de 2010

Casualidad

¿?
Salgo a caminar pensando en encontrarte en cada esquina, en cada café. Pero tu cara es desconocida para mi, así como la mía para que me reconozcas y no puedo buscar una flor en un ojal que te distinga, sólo sé que estás ahí, afuera, en todas partes y en ningún lugar.
La calle es tu vida y yo misma la mía. Cruzo de una tan mínima a una inmensidad que me pierdo en las caras sin saber realmente a quién busco.
El miedo... si, es grande y perverso al decirme que quizás jamás te encuentre, pero desafiante al hacerme pensar que tal vez seas todo lo bueno que imaginé.
Miedo a las reacciones y a las palabras, pero mucho más a un silencio. El silencio cómplice de la aceptación, que sólo se advierte en los ojos.
Casualidad... siempre estará mi mirada, tratando de cruzarse con la tuya en cada esquina, en cada café, pero ya dejará de ser casualidad. ¿Podré llamarlo destino si sigo buscando caminar tu mundo y encontrárte?
Busco tu cara, en donde la imágen que inventé se vea reflejada, pero seguirá siendo eso, sólo un invento, una fantasía más. Y seguiré buscando con la esperanza de no encontrárte nunca.

jueves, 15 de abril de 2010

Todos y nadie

Me encantaría saber qué busca una persona de mi edad. ¿Qué espera de la vida?
A muchos les interesa sólo su futuro económico, otros están preocupados por la vejéz o la pérdida de la juventud, otros por ocupar un lugar ficticio al que no pertenecen,...
¿Qué te alienta a seguir cada día?
No sé si será la edad o una etapa por la que definitivamente hay que transitar, pero yo pienso en todo momento en el futuro de mis hijos, en el de la tierra, en la seguridad perdida, en la felicidad que espera pero no hay quién la piense, en lo simple que era todo hace veinte años.
Cada uno anda en lo suyo despreocupado por los demás. Siento que estamos construyendo nuestro propio castillo de naipes y que si hay que derribar al de al lado es valedero. Que las apariencias ya no engañan, sos lo que veo, no hay adentro, no hay nada más.
Que cobran fuerza las ambiciones desmedidas. Que ser sensible es vulgar. Que la imaginación ya no vuela alto, casi no es usada para crear. Que los sueños, por la mañana, dejaron de querer ser recordados. Que todos, como los girasoles, estamos mirando hacia una misma dirección, usando las mismas palabras, ropa, gestos,...
Estamos convencidos de que así, el mundo es nuestro, que lo tenemos en la palma de la mano y podemos decidir sobre él.
Perdimos lo simple, la curiosidad, el dar sin esperar recompensa. Cada día vamos perdiendo un poco de eso que nos hacía más humanos e identidad para diferenciarnos.
Sólo por eso, trato de refugiarme en mí, ya que por ahora, soy lo más parecida a mí misma que he podido encontrar y me busco no por ser mejor que los demás sino porque me parece que soy una de las pocas personas que comparte lo que pienso.
No espero de mí, más que tolerancia, comprensión y paciencia.
¿Qué esperás de la vida?

jueves, 8 de abril de 2010

Ritual

Teníamos tanto para decirnos pero lentamente, nos hemos quedado sin palabras. Llenos por dentro de temblores y sensaciones, sólo nos miramos a los ojos que es lo que mejor sabemos hacer.
No puedo tocarte, no puedo besarte, no quiero. Te miro. Y repaso tus gestos, las marcas profundas que la vida te fue entregando. Y te reconozco de mil maneras grabadas desde hace tiempo en mi recuerdo. Tus aromas, el tono de tu voz, tu sonrisa. Cada gesto tuyo es mío y cada palabra silenciosa se transforma en un diálogo sensual.
No quiero escucharte, no quiero tocarte, sólo sentirte. Quiero reconocerte e interpretarte en cada movimiento, que no te queden secretos, sin embargo me rehuso a que los reveles. Adivinar tus deseos y llenarme de fantasías para saciar las tuyas.
Quiero compartirte sólo conmigo en todos tus aspectos, ser dueña de tu yo más oculto en éste, nuestro ritual.
Teníamos tanto para decirnos, pero prefiero que no digas nada. El tiempo pasa tan rápido que no quiero perder un segundo de mí en tu compañía.

lunes, 29 de marzo de 2010

Pedro

He salido a recorrer el campo como de costumbre. Ñacuñán es mi segundo hogar.
Entre las hirientes cortaderas y el suelo arenoso, torpemente se abre paso Pedro tratando de que yo no caiga. Es nuestro momento juntos, después su intuición equina, le dirá que debo dejarlo para volver a la ciudad. Así nos conectámos, yo con su instinto más puro y él con mi lado animal.
Pero hoy especialmente, se siente un aroma diferente en el aire y respiro profundo para adivinarlo. Eso es lo maravilloso que tiene el campo, que me da a probar desinteresadamente los diferentes olores y colores de su tierra árida, tan simple pero llena de virtudes.
La llanura clara dibuja un horizonte diáfano.El mismo a lo lejos, muestra la estampa de las sombras creadas por algarrobos y chañares. ¿Habrá tormenta?
Una sóla gota tiene el poder de transformar lo gris en vida y mi campo hoy está sediento. Lo sé porque él con sus diferentes perfiles, me lo cuenta todo. Cuando es invadido por rústicos plumeritos, nevando su piel de pelusa blanca; cuando sus alambrados de chañar son ocupados por chingolos copetudos; cuando la suave llanura se tiñe de los naranjas y dorados de cada atardecer.
Comienza a soplar un viento fresco y suave desde el sur y eso me confirma que hoy Ñacuñán volverá a nacer en verdes y será feliz.
Cuando nos comenzamos a apagar bajo las nubes oscuras, Pedro sin esperar una orden, sabe que debe emprender el camino de regreso. Éste no será nuestro último paseo, pero la cabeza gacha me demuestra su tristeza.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Desilusión

Se acuesta, cierra los ojos y como un acto reflejo comienza a rezar. Entonces recuerda que decidió dejar de hacerlo hace tiempo e intenta dormir, tratando de recordar qué fue lo que lo alejó tanto.
Como en una película oscura y antigua, ve una puerta, golpea pero nadie contesta. Entra y encuentra a un anciano sentado, solitario y pensativo.
x-- ¿Puedo pasar? -- sigue sin contestar -- Tengo una duda, bueno tengo muchas pero ésta es la más importante, si yo volviera a rezarle ¿usted sería tan amable de escucharme otra vez?
Le da la espalda pero él niño insiste -- Ya sé que estuve mal en dejar de hacerlo y al enojarme con usted en algún momento, pero necesito creer que existe. Necesito que alguien escuche mis oraciones. ¿Entiende que muchas veces el dolor nos aleja de su lado, no?
D-- Yo necesito saber quién respeta mis reglas y quién no, el dolor ahora no importa.
x-- Bueno, creo que nadie sigue ya al pié de la letra sus mandamientos. Pero hay muchos que tratan.
D-- No deben tratar, deben cumplirlos.
x-- Entonces, usted me ha mentido y de eso trata el 8° mandamiento, ¿lo recuerda?
D-- Jamás, yo nunca miento.
x-- Usted me prometió cosas que nunca cumplió. Me prometió que si era buena persona, mi vida estaría colmada de recompensas; que el dolor sería una prueba, del cual todavía me cuesta aprender algo; que Dios, es amor y muchas cosas más.
D-- ¿Yo te prometí todo eso?
Suena el despertador, se levanta como todos los días, con la misma sensación de desamparo y soledad. Siente que deberá ser muy creativo e inventar para sí mismo, una nueva imagen.

lunes, 15 de marzo de 2010

Darse cuenta

Hoy me preguntaron: ¿Cómo se dá cuenta uno si está enamorado? Y me puse a pensar y no era tan fácil la respuesta como yo suponía, al menos para su edad, entonces decidí cambiar una respuesta  por preguntas simples.
-- ¿Alguna vez estuviste enamorada? -- No sé, por eso te pregunto.
-- Bueno, ¿esperás todo el día a que suene el teléfono y que sea él? -- Si, me respondió.
-- Y cuando están juntos ¿no te interesa estar con nadie más, ni en otro lugar? -- Si.
-- Y cuando se te acerca o te toca ¿se te acelera el corazón y sentís algo raro pero lindo por dentro? -- Si.
-- Si no te deja un mensaje o no lo ves durante un tiempo, ¿sentís que lo extrañás, que te gusta más y que sufrís porque no está pendiente de vos? -- ¡Si!
-- ¿Él qué siente? -- No sé, me contestó.
-- ¿Cómo no sabés? -- Y no sé.
-- Pero ¿no te ha dicho nada? -- ¡No!
-- ¿Y no te das cuenta si a él le pasa lo mismo? -- No.
-- Bueno, lo que te pasa a vos, es estar enamorado o al menos el comienzo. Es sentir que no hay nada ni nadie más importante en el mundo que él, que es el único que puede hacerte felíz, que el día se hace más largo esperando su llamada, que nadie puede reemplazarlo. Lo que le pasa a él -- con pena por confirmárle sus dudas -- es no estarlo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Raíces

Sentados frente a frente, café de por medio, le preguntó con mirada asustada: ¿me has engañado? Todos nos sorprendimos, seguramente pensando cada uno su propia respuesta y porqué no, tratando de adivinar la del otro. Ella, sonriente contestó: No.
Vas a tener que parárte frente a un espejo y ensayar una respuesta más convincente -- le respondió él con gesto un poco más duro.
Cruzamos miradas, quedámos cercados, cómplices de un "no" dudoso, que hizo que nos moviéramos nerviosos en nuestras sillas, sin saber si esperaban de nuestra parte un cambio liberador de tema o la ayuda de una frase esperanzadora. Sin embargo, seguimos callados, tratando de pasar un nuevo sorbo de café.
Él duda de su inocencia, ella siente que a pesar de tener la certeza de no poder engañárlo por segunda vez, ya no importa si le cree o no.
Compiten por viejas mentiras, tal vez para ver quién tiene la fuerza para soportar más. Ponen sobre la mesa, intimidades tristes pasadas y resentimientos profundos presentes.
Nos mirámos haciéndonos la misma pregunta pero en silencio. Cada uno contestándose a sí mismo.
Ojos que no ven, corazón que no siente -- digo nerviosa, tanteando una salida. Él, con mirada dolida y la voz entrecortada me responde que ya vió demasiado.
Sus raíces continúan en ése lugar junto a él, lugar que no quiere abandonar. Sus ramas, ya bailan hace años, al compás de otros vientos, vientos que no puede dejar de añorar.

lunes, 8 de marzo de 2010

Día de la mujer


Le tenemos miedo a la vejéz, a las arrugas y a las canas, pero por suerte hay cómo ocultarlas, con una gran sonrisa y tintura.
Si no somos frágiles, tratamos de parecerlo. Simulamos no saber cambiar una rueda pinchada, un foco quemado,... no queremos la igualdad en ése aspecto, queremos que nos cuíden, pero no ser el sexo débil.
Somos machistas y feministas a la vez.
Sin nosotras, el hombre no sería quien es, no soporta vivir con una mujer y mucho menos sin ella, y somos por ése motivo, las que formamos hijos, hombres, maridos, padres,... 
Siempre somos el reflejo de nuestras madres, y qué?
Somos cambiantes, imaginativas, más emocionales, más intuitivas. 
Somos musas inspiradoras de grandes y pequeños artistas.
Nos comparan con atardeceres y flores, con brujas y animales. No nos comparen, seguimos siendo una especie única.
No andamos con medias tintas, comparadas con los hombres, somos mejores y peores en todo.
Gracias a una manzana, hicímos la vida más divertida. No nos prohíban nada porque crece nuestro interés.
No nos da verguenza llorar en el cine, ni mirárnos en el reflejo de una vidriera, ni hacer miles de test de personalidad, ni preguntarle a la bola mágica que nos depara el futuro.
Y porque somos como somos, tenemos un día especial que seguramente crearlo, fue idea de un hombre.
¡Felíz día para nosotras!
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