Chile, Cachagua, enero de 2012. El mar, explota en sus olas con amor y odio.
Golpes helados de sal, furia del que repite aburrido la misma rutina. Ir y volver. Llevar y traer.
Galopes de pura sangre humedeciendo el aire y borrando huellas.
Renovando sus fuerzas y perdiéndolas una y otra vez, pensé, no descansará hasta reinar ahí, donde la noche se devora al sol.
En ese momento, en que el paisaje delante de mi comenzaba a calmarse. En que el astro rey emprendía su implacable suicidio; la tierra, celosa, despertó con un movimiento sordo. Uno más después de muchos. Y sentada en la arena, experimenté un auténtico lamento.



6 comentarios:
Paula, la belleza de las imágenes que construyes con la sensibilidad de tus palabras me lleva a sentir el golpe del salitre sobre la piel, el sol desplomándose en la tarde y la tierra cimbreándose ante el espectáculo. Luego viene el otro movimiento sísmico, el interior.
Esta semana, de alguna manera, el mar nos ha unido literariamente.
Me ha encantado acercarme esta tarde a Chile a través de una mirada argentina.
Un gran abrazo
Preciosa metáfora de tu estado de ánimo Paula
Hay que lamentarse de vez en cuando n voz alta...el cuerpo lo agradece
Besos
Es precioso lo que has escrito!
Después de la tempestad dicen q llega la calma, pero no siempre es así.
Besoss
El mar tiene esas cosas: a veces inspira tempestades de palabras maravillosas como estas que tú nos regalas.
Una entrada que me ha impresionado por que se nota que has puesto todo tu sentimiento en ella. ¡¡Felicidades!!.
Un cariñoso abrazo, querida amiga.
Hermoso Paula.
La Tierra es un Ser vivo, en ocasiones vivbramos como imanes.
Besitos.
Sentimientos transmitidos por la serenidad del mar.
Un saludo.
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